lunes 14 de febrero de 2011

Un cuento de hadas: Capítulo 4


Capítulo 4: Secretos.

La mayoría de las veces, los adultos creen que los niños no tienen preocupaciones, sólo por el hecho de pensar que son “niños”; pero hay algo falso en esto, los niños son los primeros en darse cuenta de tus sentimientos, y cuando no lo hacen se preocupan en extremo sin saber el por qué. Hay algo seguro, tomarán medidas drásticas con tal de hacerte sentir bien.

Todos los días eran un poco traumáticos, tener que “vivir” con tu madrastra y esconderte de ella no es muy agradable, pero lo único bueno es que podía escribir en mi diario, todos mis sentimientos y los acontecimientos sucedidos están plasmados ahí.

Un día, lo que más temía ocurrió. Cuando tienes un diario es necesario esconderlo, porque por alguna razón, a las personas no les importa que sea privado, aún así lo leen.

Ella había entrado en el cuarto de Allen cuando no estábamos; era algo extraño que se hubiese quedado en su casa porque nunca estaba, la curiosidad por el niño protegido por su marido aumentaba, se hizo con la llave del cuarto y entró en él.

-Todo está ordenado… y limpio – dijo.

No entiendo por qué quiso entrar en él, si tenía las cámaras instaladas en su casa. Cuando ya se iba, notó que al niño se le habían olvidado unos cuadernos, se dirigió hacia su escritorio y comenzó a observarlos, uno le llamó la atención, un cuaderno que no tenía título ni nombre, abrió el cuaderno y leyó:

“No estoy acostumbrado a llamarle “Diario”, no creo escribirlo diariamente como lo indica su nombre, pero espero escribir de vez en cuando.”

Fue ahí cuando se descuidó.

Mi hermano y yo llegamos a esa prisión, yo me dirigí a la cocina para comenzar a preparar nuestra comida y noté que él estaba un poco extraño.

-¿Allen? ¿Qué sucede? – le pregunté.

-Nada – tenía la mirada hacia el segundo piso –, vuelvo en un momento.

Subió las escaleras y sólo pude mirar su espalda antes de volver a la cocina.

Allen observó que la puerta de su habitación estaba abierta, así que entró, y la vio ahí, sentada tranquilamente en su cama, leyendo el cuaderno que momentos antes había tomado.

-¿Qué estás haciendo? – no había gritado, pero su voz resonaba en sus oídos, ella se quedó callada – te pregunté algo, ¿no piensas responder?

-Yo… este… estaba… - ella no sabía qué decir o hacer, la habían descubierto.

-Te he respetado, he seguido tus reglas, trato de vivir pacíficamente y tú vienes y lo arruinas todo. No te quiero ver aquí, lárgate.

Se retiró muy asustada, tal vez pensaba que el hijo “perfecto” de su marido la obedecería o algo así (por cierto, no es que esté inconforme con mi hermano, resalto el perfecto porque él odia que lo consideren tal), y si lo pensó, se equivocó y lo hizo en grande.

Había escuchado cada palabra, fue cuando descubrí que a pesar de que amaba a Allen, me atemorizó totalmente, pero era tiempo de que también dejara de ser una niña inútil a la que sólo protegían…

En la tarde el esclavo llegó y mi hermano fue directamente hacia él, mi padre llamó a su diosa, digo, esposa y se encerraron en su oficina, me dirigí al cuarto de Allen y estuve esperando hasta tarde, cuando me percaté, él estaba a mi lado.

-Eres muy distraída, ¿lo sabías? – comentó con una sonrisa.

-¿Cómo te fue?

-Le reclamé a él, y le dije que ella había estado metiendo las narices en donde no debía y que si sucedía algo así otra vez, se olvidara que tenía un hijo.

-Quisiera poder decirle eso – sonreí – pero pienso que no me agradaría.

-No, es molesto, odio que me vean como si fuera el único que importa o que soy perfecto, es una gran estupidez, cuando hacíamos algo malo, quien fuese, mamá nos regañaba a ambos, ¿lo recuerdas?

-¡Cómo olvidarlo! Si el otro le decía “yo no tengo la culpa, yo no lo hice” o algo parecido nos decía, “sí tienes la culpa, y aunque no lo hayas hecho tienes que cuidar de tu hermano” o en tu caso, hermana. 

-Sí, nos enojábamos con ella y luego nos disculpábamos…

-Perdona que te interrumpa, pero… me gustaría decirte algo.

-A decir verdad, a mí también me gustaría decirte algo – sus ojos se vidriaron y lo abracé – sabes… ¿sabes por qué no lloré el día que mamá murió, y después de eso?

-Porque trataba de ser fuerte para mi hermano, para ser su apoyo y que se diera cuenta que podía llorar con tranquilidad – no pude más y comencé a llorar.

Aunque un diario puede ser considerado un arma por la enorme cantidad de secretos, se siente bien cuando alguien comparte uno de esos secretos contigo... y más cuando descubres que ambos guardaban el mismo secreto sin saberlo.


Bueno, aquí les dejo el cuarto capítulo, que lo tuve que reescribir porque mi USB se perdió de nuevo... y ahora sí... definitivamente. Aunque eso no me detuvo xD estoy pensando en cómo actualizar más seguido esta historia, y que tengo que planearla bien, porque aún no sé cuántos capítulos tendrá xP también estoy pensando en cómo actualizar más seguido este blog que está re-abandonado xD
Gracias por los comentarios :D se les aprecia mucho... y no olviden pasarse por el Detrás de a comentar las entradas o me deprimiré (?)
Nos leemos

1 comentarios:

Liesel dijo...

Ammm cómo que no le entendí mucho O.ó

Osea sé de la situación, pero me perdí a veces no sabía quién era quien hablaba.

En fin, quiero mash ♥w♥.